Festivales de cine

He tenido la oportunidad de formar parte del  jurado de un festival internacional de cine. Ser jurado, en este caso, también implicaba hacer la primera criba, por lo que la calidad de las películas presentadas a concurso (cortometrajes, largometrajes, videoclips, documentales…) ha sido muy diversa. No ha estado en mi mano otorgar premios, sólo proponerlos si así lo estimaba oportuno, pero algunas de las obras que más me impactaron no optaban a galardón, más que nada por haber pasado la fecha límite de presentación con opción a premio.

He podido constatar que las puntuaciones siempre dibujan una línea de curvas, salvo alguna rara excepción, como las frecuencias de los ecualizadores: curvas sinuosas que buscan un sonido limpio y coherente entre agudos, graves y medios. En el caso de las películas candidatas, estas curvas carentes de cambios abruptos se refieren a los aspectos que los miembros del jurado debíamos puntuar: fotografía, guión, dirección, ritmo, montaje, sonido…

Quienes cuidaron estas características, lo hicieron globalmente. Intentado ser ecuánime y ver cada valor individualmente, las líneas se dibujaban con armonía por arriba o por abajo del aprobado, sin estridencias. La película descuidada, lo era desde todos los puntos de vista: fotografía sin etalonar o sin las distancias focales optimas, guiones fáciles que revelaban copia o incluso plagio, montajes arbitrarios, ritmos incoherentes, escasa o nula dirección de actores, etc. Por el contrario, estaban los guiones inteligentes, subrayados por bandas sonoras que se ajustaban como un guante, interpretaciones notables… inteligencia y trabajo en la elaboración, en definitiva.

Con todo, fue una buena oportunidad para conocer obras y cineastas que de otro modo serían muy difíciles de encontrar, pues la mayoría de estas creaciones no llegarán a la gran pantalla, ni siquiera a las pequeñas pantallas; algunas, ni se verán en la red de redes a no ser que se disponga del pertinente enlace y su contraseña. Por destacar una de las obras de la sección musical, quisiera mencionar el trabajo de estos jóvenes, The Brazen Youth, quienes con pocos medios y muy buen gusto consiguieron alegrarme el día con su videoclip “From The Loft”.

Oslo

Oslo, una buena ciudad para disfrutar del frío de diciembre, para ver cuervos a pocos metros de tu cabeza, para saber cómo son las puestas de sol antes de las cuatro de la tarde…

Visité esta capital -dicen que la más cara de Europa- con mi amigo Photogenia Pepe y sus inseparables cámaras analógicas; ciudad elegante y avanzada, donde los yonkis hablan en perfecto inglés y ni siquiera los policías van armados, a no ser que se le entregue un premio Nobel de la Paz a algún presidente norteamericano.

Me habían premiado una pieza de videoarte para cuatro pantallas titulada Antena, en ATOPIA , y el galerista y artista de origen iraní Farhad Kalantari ejerció como buen anfitrión: nos invitó a comer y nos habló de usos y costumbres de Noruega. Las cuatro pantallas eran visibles desde la calle, justo enfrente de una parada de autobús, y quienes allí esperaban podían relajarse contemplando el paso de las nubes y la evolución de las parvadas de pájaros alrededor de una antena que estuve filmando durante varios meses, siempre desde el mismo punto, en una azotea.

A veces he pensado que dicho premio causó una suerte de efecto dominó, pues a partir de esa fecha empecé a ver cómo otros trabajos eran seleccionados en pequeños (y medianos) festivales de todo el mundo.

Antes de terminar el viaje tuvimos una sesión de fotos en un psiquiátrico abandonado, con una muy creativa modelo de origen brasileño, Celestina, otra buena anfitriona que aguantó temperaturas cercanas a 0º y nos salvó para llegar a tiempo al avión de regreso.

Fotógrafo en Valencia