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Post Scriptum [0-46-6]

Son los números de Post Scriptum:

0, fue cero el presupuesto con el que conté para organizar y filmar este cortometraje, con ayuda de algunos que ya eran amigos entonces y con la confianza de quienes lo son ahora. Cero también fue el número de permisos que obtuve para acceder a las localizaciones que me interesaban. Algunos me contestaron con excusas previsibles; otros, ni emplearon un minuto en denegarme el acceso. Por ello, tuve que pensar en lugares alternativos, o bien grabar algunas escenas con rapidez y fingiendo que éramos unos turistas disfrutando de un patrimonio que parecía ser de unos más que de otros (hablo del año 2013).

46 son ya los festivales donde esta obra ha tenido acogida, si también incluimos uno donde fue censurado sin darnos la menor explicación. Tanto festivales de cine experimental, como poético, incluso certámenes convencionales, han querido que estuviéramos entre sus proyecciones, y cada una de las veces lo he agradecido como si fuera la primera.

6 premios recibidos: Vallecas, Subotica, Tunja, Morelia y 2 premios en Rijeka: Mejor edición y Primer Premio (Grand Prix), lo que supone un reconocimiento que nunca esperé para una obra tan marginal y, según palabras de otros, surrealista, extraña, oscura, críptica…

Mi gran reconocimiento a todos los que han colaborado desinteresadamente en este y en otros proyectos, a los jurados que valoraron la originalidad y el trabajo por encima de otros factores, y también a aquellos que con su desdén o su negativa nos hicieron más fuertes.

http://ezo.es/post_scriptum

Festivales de cine

He tenido la oportunidad de formar parte del  jurado de un festival internacional de cine. Ser jurado, en este caso, también implicaba hacer la primera criba, por lo que la calidad de las películas presentadas a concurso (cortometrajes, largometrajes, videoclips, documentales…) ha sido muy diversa. No ha estado en mi mano otorgar premios, sólo proponerlos si así lo estimaba oportuno, pero algunas de las obras que más me impactaron no optaban a galardón, más que nada por haber pasado la fecha límite de presentación con opción a premio.

He podido constatar que las puntuaciones siempre dibujan una línea de curvas, salvo alguna rara excepción, como las frecuencias de los ecualizadores: curvas sinuosas que buscan un sonido limpio y coherente entre agudos, graves y medios. En el caso de las películas candidatas, estas curvas carentes de cambios abruptos se refieren a los aspectos que los miembros del jurado debíamos puntuar: fotografía, guión, dirección, ritmo, montaje, sonido…

Quienes cuidaron estas características, lo hicieron globalmente. Intentado ser ecuánime y ver cada valor individualmente, las líneas se dibujaban con armonía por arriba o por abajo del aprobado, sin estridencias. La película descuidada, lo era desde todos los puntos de vista: fotografía sin etalonar o sin las distancias focales optimas, guiones fáciles que revelaban copia o incluso plagio, montajes arbitrarios, ritmos incoherentes, escasa o nula dirección de actores, etc. Por el contrario, estaban los guiones inteligentes, subrayados por bandas sonoras que se ajustaban como un guante, interpretaciones notables… inteligencia y trabajo en la elaboración, en definitiva.

Con todo, fue una buena oportunidad para conocer obras y cineastas que de otro modo serían muy difíciles de encontrar, pues la mayoría de estas creaciones no llegarán a la gran pantalla, ni siquiera a las pequeñas pantallas; algunas, ni se verán en la red de redes a no ser que se disponga del pertinente enlace y su contraseña. Por destacar una de las obras de la sección musical, quisiera mencionar el trabajo de estos jóvenes, The Brazen Youth, quienes con pocos medios y muy buen gusto consiguieron alegrarme el día con su videoclip “From The Loft”.

Oslo

Oslo, una buena ciudad para disfrutar del frío de diciembre, para ver cuervos a pocos metros de tu cabeza, para saber cómo son las puestas de sol antes de las cuatro de la tarde…

Visité esta capital -dicen que la más cara de Europa- con mi amigo Photogenia Pepe y sus inseparables cámaras analógicas; ciudad elegante y avanzada, donde los yonkis hablan en perfecto inglés y ni siquiera los policías van armados, a no ser que se le entregue un premio Nobel de la Paz a algún presidente norteamericano.

Me habían premiado una pieza de videoarte para cuatro pantallas titulada Antena, en ATOPIA , y el galerista y artista de origen iraní Farhad Kalantari ejerció como buen anfitrión: nos invitó a comer y nos habló de usos y costumbres de Noruega. Las cuatro pantallas eran visibles desde la calle, justo enfrente de una parada de autobús, y quienes allí esperaban podían relajarse contemplando el paso de las nubes y la evolución de las parvadas de pájaros alrededor de una antena que estuve filmando durante varios meses, siempre desde el mismo punto, en una azotea.

A veces he pensado que dicho premio causó una suerte de efecto dominó, pues a partir de esa fecha empecé a ver cómo otros trabajos eran seleccionados en pequeños (y medianos) festivales de todo el mundo.

Antes de terminar el viaje tuvimos una sesión de fotos en un psiquiátrico abandonado, con una muy creativa modelo de origen brasileño, Celestina, otra buena anfitriona que aguantó temperaturas cercanas a 0º y nos salvó para llegar a tiempo al avión de regreso.